Chile. Al 80% de las familias trabajadoras no les alcanza para la casa propia: la pobreza asalariada

La casa propia ha dejado de ser un horizonte alcanzable para la mayoría de las familias en Chile. Aquello que durante décadas se sostuvo como una meta posible a través del trabajo y el ahorro, hoy se configura como un privilegio reservado para unos pocos.…
La casa propia ha dejado de ser un horizonte alcanzable para la mayoría de las familias en Chile. Aquello que durante décadas se sostuvo como una meta posible a través del trabajo y el ahorro, hoy se configura como un privilegio reservado para unos pocos. Mientras el PIB del país continúa creciendo, los salarios permanecen estancados y el costo de la vida no deja de aumentar. En este escenario, el acceso a la vivienda emerge como una de las expresiones más crudas y visibles del empobrecimiento contemporáneo.
Los datos son contundentes. Según un informe del Centro de Estudios Inmobiliarios de la ESE Business School de la Universidad de Los Andes, el 80% de las familias chilenas no cuenta con ingresos suficientes para comprar una vivienda. Esto significa que la enorme mayoría de la población está condenada a arrendar indefinidamente, incluso trabajando de manera formal y estable. No se trata de «malas decisiones financieras» ni de una supuesta incapacidad individual de ahorro: es una brecha estructural entre salarios y precios inmobiliarios.
La situación resulta dramática cuando se observan los primeros deciles de ingreso. Una familia del primer decil, con ingresos cercanos a los 307 mil pesos mensuales, habita una vivienda valorizada en aproximadamente 70 millones de pesos. Sin embargo, con sus ingresos actuales y las condiciones del mercado hipotecario, solo podría aspirar a comprar una vivienda de menos de 18 millones. La distancia entre lo que las familias necesitan para vivir y lo que efectivamente pueden adquirir no es solo amplia: es abismal.
Incluso sectores medios comienzan a quedar fuera del acceso a la vivienda. Recién en el octavo decil -familias con ingresos cercanos a 1,7 millones de pesos- se alcanza cierta equivalencia entre el valor de la vivienda que habitan y la que podrían comprar. Es decir, para acceder hoy a una vivienda relativamente acorde al mercado se requiere pertenecer al 20% de mayores ingresos del país.
Pero el problema no termina en la imposibilidad de comprar. También arrendar se ha vuelto económicamente asfixiante. En el último estudio de Fundación SOL se explora la relación del salario mínimo con el pago de un arriendo. El salario mínimo líquido en Chile apenas alcanza para costear el arriendo básico de un departamento de dos dormitorios y un baño, de menos de 50 metros cuadrados. En comunas de la Región Metropolitana con alta oferta inmobiliaria, como Independencia o La Florida, el valor promedio de estos arriendos oscila entre los 345 mil y los 421 mil pesos mensuales. Esto significa que una persona que percibe el salario mínimo debe destinar entre 78% y 96% de sus ingresos líquidos únicamente a pagar un techo.
Fuente: Kaosenlared
Noticia original publicada por kaosenlared.net



